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Por Ramón Durón Ruiz

Generoso ha sido mi Padre Dios enseñándome, a través del humor, a no tomar la vida demasiado en serio, a no ser intolerante, egoísta, egocéntrico, necio y hasta ridículo. El humor es un regalo de vida lleno de magia que nos hace magnánimos, ayudándonos a darnos cuenta de que lo ridículo está compuesto en gran parte por el sufrimiento humano. El humor rompe con la rigidez que da la hiperseriedad, que no es lo opuesto a lo ridículo, sino lo ridículo mismo, en nuestra cultura se asocia responsabilidad con seriedad; grave error porque podemos ser responsables con alegría.

Las personas asocian seriedad y complejidad con creatividad, pero la alegría y la simplicidad es creatividad:

“Cuanto más simple y más alegre… más fuerte;

Cuanto más simplifiques tu vida… más dirección adquiere;

Cuanto más simplifiques tu vida… más motivaciones tiene,

Cuanto más simplifiques tu vida… la haces menos compleja;

Cuanto más simplifiques tu vida… tienes más sabiduría;

Sólo recuerda una cosa importante: ser alegre y simplificar… sin restar esencia”

Este viejo Filósofo diariamente busca dar y robar una sonrisa, y a través de ella, sublimar el dolor y los pesares, principales saboteadores de la alegría. Somos el arquitecto de nuestro destino, cada día decidimos qué camino tomar, todo en la vida gira alrededor de la elección; si al refugio de cada mañana elegimos sentirnos bien, ser felices, triunfar y gozar del energizante poder del humor, nos sobrarán motivos para sentirnos bien; si, por el contrario, elegimos sentirnos mal, levantarnos con el resentimiento, los odios, el rencor a flor de piel, nos sobrarán motivos para sentirnos mal.

Elegir el buen sentido del humor propicia cambios positivos en tu organismo, existen pruebas de su valor terapéutico: reducción del estrés, elevada tolerancia al dolor, mejorada capacidad para afrontar y resolver la enfermedad, aumento de la autoestima, alegría espiritual, enriquecimiento de la imaginación, disminución de las preocupaciones y del cortisol, químico liberado por el estrés cuyo uso prolongado daña tu salud.

Una carcajada dilata el sistema cardiovascular, fortalece la presión arterial, relaja los músculos, genera endorfinas, reduce el dolor produciendo el mejor antiinflamatorio natural. Si piensas en la última vez que te reíste de verdad y recuerdas cómo te dolía todo el cuerpo al dejar de hacerlo, es porque has hecho ejercicio.

Nuestro sistema cardiovascular, por ejemplo, se ejercita cada vez que el ritmo cardíaco y la presión sanguínea aumentan para luego descender nuevamente. Nuestra agitada respiración crea un vigoroso intercambio de aire en los pulmones y constituye un saludable ejercicio para el sistema respiratorio. Además, nuestros músculos liberan tensiones cada vez que se contraen y relajan. Hay que tener en cuenta que 20 segundos de carcajadas supone el mismo ejercicio para el corazón que tres minutos de remo.

En la vida, como en el teatro, tenemos al menos tres tonos: el humorístico, el dramático y el trágico; cada quien escoge su camino de opción existencial. La manera más sana es el tono humorístico, es una forma de desdramatizar lo cotidiano; el humor por medio de la risa juega con las normas; puede inquietar al poder mucho más que una resistencia armada. El humor es el camino más directo para conectarse con uno mismo y mejorar la relación con los demás.

Sufrir ante los problemas representa una actitud negativa ante la vida, reír en medio de los mismos representa una actitud positiva, la diferencia es considerable tomando en cuenta que la risa provoca respuestas fisiológicas benéficas en nuestro cuerpo. El humor nos lleva a comprender la vida profundamente y vivirla a plenitud, nos hace mejores personas, hace que nazca en nuestro rostro la sonrisa, “una línea recta… que todo lo endereza”.

“Un grupo de jóvenes estudiantes atraídos por la fama del viejo sabio norteño, llegaron a conocer Güémez, como irían a la sierra, decidieron visitar al Filósofo.

–– Sabemos que tú vibras en armonía con la naturaleza y que no se te dificulta conocer el estado del tiempo, ¿cuál es tu pronóstico para esta tarde? –– Parcialmente lluvioso.

–– ¿Y para mañana? –– Parcialmente soleado.

––Oye, Filósofo, dinos una cosa: ¿Qué tal son tus pronósticos?

–– Parcialmente acertados”

 

 

 

 

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