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Entre tres, valiéndose de llaves técnicas (físicas) y empleando esposas, policías estatales de la llamada Fuerza Tamaulipas sacaron del Polyforum de Ciudad Victoria al periodista José Inés Figueroa, ampliamente conocido por la clase política del centro del estado y sus compañeros comunicadores, el pasado lunes a mediodía, y ya para el anochecer de la misma fecha, es decir unas cuantas horas después, se había logrado el apoyo solidario unánime de un numeroso grupo de informantes que colaboran en distintos medios de todo el estado y están incluidos en un grupo de whatsapp creado por el área de comunicación social del gobierno estatal que, esta vez por lo menos, sirvió para darle al ejecutivo de la entidad una muestra apenas pequeña de lo que un motivo de descontento social, en este caso representado por los reporteros, columnistas, directores informativos y empresas mismas, puede llegar a logra

Al día siguiente, antes de que se cumplieran 24 horas de la arbitraria detención, los periodistas unidos de la capital tamaulipeca, con el apoyo de sus colegas en el norte y sur del estado, habían reunido un centenar de firmas con las que se rubricaba un documento de protesta elaborado por común acuerdo, tomado en la víspera nocturna, para presentarlo ante la opinión pública, y no había llegado aún la media tarde del martes cuando el secretario general de gobierno hacía pública la suspensión de la tercia de uniformados que actuaron de forma ruda en agravio de Figueroa, quien sólo trataba, a toda costa pero sin agredir a nadie, de cumplir con su labor.

Pero el incidente, condenado de inmediato por sus compañeros de Ciudad Victoria, fue en realidad originado por la orden que en agravio de Figueroa Vitela habría dado una sarta de guaruras con plaza magisterial que estaban a cargo de la «seguridad» en el recinto Rodolfo Torre durante el acto de rendición de cuentas sobre su labor legislativa por parte de los congresistas representantes del Partido Nueva Alianza, integrantes todos del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), Sección 30, que, habiéndose visto cómo andan las cosas ahí en Tamaulipas, bien podría ser una especie de nueva CNTE (la coordinadora del magisterio en el sur del país, antagónica del gremio oficial).

Porque, sean de su propio partido, o sea el Panal, o bien priístas, verdes, naranjas, perredistas, «morenos» o panistas, los mentados mentores tamaulipecos sindicalizados que llegan a agarrar «hueso» actúan de forma despótica hoy en día y han llegado a crear a favor suyo tal cantidad de compromisos, que difícilmente los gobiernos estatal y locales se atreven a tocarlos: antes al contrario, les cumplen cualquier cantidad de caprichos y apartan lugares privilegiados como burócratas por partida doble en dependencias públicas, empezando por el área educativa, de modo que al erario le cobran dos veces, una como maestros, aunque no estén al frente de grupo (aula), y otra en su calidad, perdón: investidura, de «servidores públicos». Un ejemplo claro en Tampico es el del líder estatal del PRD, Alberto Sánchez Neri, quien no sólo ha neutralizado desde hace años a la izquierda por encargo de los gobiernos en turno, sino que se ha beneficiado a cambio con cualquier cantidad de puestos como «aviador» o secretariales, amén de regidurías, para familiares, amigos, amores y para sí mismo dentro del ayuntamiento… Tal como ocurre hoy en día. Y el monstruo de la CNTE Tamaulipeca que sigue creciendo… ¿podrán pararlo algún día…?

Desde la redacción.

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