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@dect1608

Las hijas gemelas de Joaquín A. Guzmán Loera “El Chapo”, son el motor, la fuerza y tenacidad que mueve a este personaje internacional. El amor hacia ellas y su deseo por tenerlas cerca es el lado humano y amoroso que lo lleva a romper con todo tipo de barreras; la noticia de su fuga llenó este domingo todos los espacios informativos de los medios de comunicación electrónicos y convencionales, pero nadie puede recriminarle su deseo de querer tenerlas en sus brazos y de volver a mirarlas a los ojos; y no creo que tarde mucho, si no es que ya lo hizo.

La forma en la que presume el Gobierno Federal, escapó, Guzmán Loera, no es nada descabellada, la construcción de túneles es y ha sido su especialidad, tanto para contrabandear como para escapar y lo había hecho antes. Lo malo del asunto es que su construcción maestra, enterró el único gallardete de seguridad de gran valor que tenía el peñismo; su escapatoria ingenieril, paso por destruir lo mucho que el titular de la Secretaria de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, había construido y con esto se tambalean otros proyectos políticos en todo México, aspiraciones de personajes que pretenden jugar en el próximo proceso local de 2016 en donde por cierto Tamaulipas, elegirá Gobernador, renovará su Congreso Local y cambiara las 43 presidencias municipales; aquí puede haber alguna carta que se quede en el camino si la noticia no toma otro giro.

Además de todo, sin que sea una justificación de lo acontecido, según datos de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, entre el 70 y 80 por ciento de los Penales en México, tienen auto gobierno o cogobierno, convirtiéndolos en centro de operaciones para los grupos delincuenciales, un tema que no ha sido atacado a conciencia por la Comisión Nacional de Seguridad (CNS), tan solo del Centro de Ejecuciones de Sanciones (Cedes) de Altamira en la zona costera de Tamaulipas, salen el 50 por ciento de las llamadas telefónicas de extorsiones a todo el país, siendo este un asunto grave de inseguridad con nula voluntad para solucionarlo.

Por lo tanto, nos quedamos con las ganas de escuchar a Osorio Chong y solo resta seguir haciendo lo que a cada quien nos corresponde, además de reclamarle menos a la Selección Nacional de futbol y exigirle más a nuestros gobernantes.

 

 

 

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