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Opinión

Urge poner orden en la frontera

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Recurrentemente, la frontera de Tamaulipas es una arena difícil de gobernar; un escenario de progreso, muerte, trasiego de drogas, y trata de personas. Alcaldes han sido asesinados, empresarios y hasta periodistas han sido víctimas de ese pedacito de tierra.

Últimamente, incluso, desde antes de la elección, la alcaldesa Carmena Lilia Canturosas Villarreal, tuvo problemas serios, tanto así que el cierre de campaña tuvo que ser cancelado, y su reelección casi se queda en un anhelo. El mensaje estaba claro, la gente estaba harta de sus conductas.

Desafortunadamente, las cosas subieron de tono cuando se registró el asesinato del síndico electo Roberto Maldonado Siller, y peor cuando vía redes sociales, a través de fotografías han salido sospechosos los escoltas de Oscar Mario Hinojosa, exdirector de la Policía Judicial de Tamaulipas y esposo de la alcaldesa de Nuevo Laredo, donde comienza la patria.

Una testigo, identificada como Mague, compartió una imagen donde se observa una Tahoe blanca con placas mexicanas, estacionada detrás de una Honda CRV negra, vehículo en el que se encontró el cadáver de Maldonado Siller y también a cinco paquetes de cocaína.

Según el testimonio de Mague, ella y su esposo paseaban cerca del lugar cuando notaron que de la camioneta blanca bajaron dos individuos vestidos con camisas blancas y pantalones caqui, el uniforme de los escoltas municipales. Uno de ellos portaba una pistola.

“Los hombres se acercaron a la camioneta negra estacionada y, al poco tiempo, se escucharon disparos. Luego, los dos sujetos regresaron rápidamente a la Tahoe blanca y huyeron a toda velocidad”, relató Mague en su publicación. Su esposo logró tomar una fotografía del vehículo, la cual fue subida a la red social.

La información aportada por Mague coincide con la declaración de Diana Laura, esposa del síndico asesinado. Ella indicó ante la Fiscalía General de Justicia del Estado de Tamaulipas que había informado a sus compadres, Óscar Mario Hinojosa Ramírez y Carmen Lilia Canturosas, sobre la ausencia de su esposo, proporcionando su última ubicación conocida. Horas después, la pareja acudió al domicilio de Diana Laura para comunicarle la muerte de Maldonado Siller.

Hay neolaredenses que han salvado conjeturas más duras, aseveran que la camioneta en cuestión es similar a la que utiliza Óscar Mario Hinojosa Ramírez, con sus escoltas, lo que sugiere una posible conexión entre el esposo de la alcaldesa y el asesinato de Roberto Maldonado Siller.

Las sospechas sobre Hinojosa no son nuevas. Su historial incluye señalamientos de corrupción y vínculos con el crimen organizado, esto, durante el mandato del exgobernador Tomás Jesús Yarrington Ruvalcaba; en aquellos años, Hinojosa fue destituido de su cargo junto a otros altos mandos de la policía estatal tras ser acusado de complicidad en el secuestro y asesinato del empresario José Antonio Cervantes Ezpeleta.

Estos antecedentes han fortalecido la teoría de que la muerte de Maldonado Siller está ligada a disputas internas por el control de la plaza de Nuevo Laredo, una lucha de poder que podría involucrar a delincuentes y “figuras” de la política local.

En la intimidad… A todo esto, el que si es una figurita, y bastante popular es el alcalde de Altamira, Armando Martínez Manríquez a quien la ciudadanía colocó como el mejor alcalde de Tamaulipas, claro, eso en parte gracias a la guía que le brinda Américo Villarreal Anaya y sus resultados como mandatario estatal.

El altamirense se consolidó como uno de los presidentes municipales más destacados a nivel nacional, también ha sido reconocido como el edil con mayor aprobación ciudadana en Tamaulipas.

El pasado jueves rindió su tercer informe de labores al frente del Gobierno Municipal de Altamira 2021-2024, administración que ha sido catalogada como un modelo de transparencia y resultados.

La confianza de los ciudadanos en su gestión se reflejó en su reelección, con la expectativa de que continúe transformando el municipio. De acuerdo con el estudio realizado por el sitio Voz Pública, Martínez Manríquez alcanzó una aprobación del 68.9 % en el mes de agosto del año en curso, situándose como el alcalde mejor evaluado del estado.

Otro que la ha hecho grande, incluso, ha ayudado a varios alcaldes a lucir bien ante el jefe del ejecutivo estatal, Américo Villarreal Anaya, es el rector de la UAT.

Dámaso Anaya Alvarado, dio el banderazo a las visorias del Club de Fútbol Correcaminos que ofrece a sus estudiantes la oportunidad de ser parte de los equipos representativos de la UAT en el profesional y en el deporte universitario.

Al poner en marcha las visorias del Club de Fútbol Correcaminos, el rector Dámaso Anaya Alvarado reafirmó su compromiso de apoyar el talento académico y deportivo de la comunidad estudiantil de la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT).

En ese sentido, destacó que por primera vez en la historia deportiva de la UAT se ha creado este programa de visorias dirigido al estudiantado de todas las facultades y unidades académicas de la máxima casa de estudios del estado.

Al iniciar las actividades en el Estadio Olímpico Universitario Prof. Eugenio Alvizo Porras de Ciudad Victoria, el MVZ Dámaso Anaya dio la bienvenida a estudiantes, tanto hombres como mujeres, que han tomado el reto de participar en las visorias con la ilusión de ser parte de los equipos de la UAT que militan en el futbol profesional mexicano: Liga TDP, Premier y la Liga de Expansión, así como en la propia selección universitaria, de acuerdo con sus habilidades y edad.

Destacó que, actualmente, el equipo Correcaminos cuenta con un 36% de jugadores tamaulipecos y también se ha reducido el promedio de edad, al tiempo de subrayar que ya debutaron cuatro estudiantes de la UAT.

Las visorias están abiertas a estudiantes varones nacidos entre los años 2000 y 2006, y a estudiantes mujeres nacidas entre agosto de 2002 y septiembre de 2009.

La selección de jugadores será responsabilidad de visores del Club Correcaminos y los elegidos pasarán a la fase final de evaluación que se llevará a cabo en Ciudad Victoria el martes 1 de octubre, en el Estadio Olímpico Universitario.

Esta actividad continuará en instalaciones de la UAT en Tampico los días 6 y 7 de septiembre; y en Reynosa y Matamoros los días 20 y 21 de septiembre. Próximamente, serán programadas en Ciudad Mante y Nuevo Laredo.

davidcastellanost@hotmail.com
@dect1608

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El ensayo silencioso del nuevo Tamaulipas 

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El intento de Tamaulipas por seguir creciendo y reposicionarse, obedece en gran medida al enfoque nacional y competitividad internacional que empuja el sector empresaria local, y de los alrededores de la etidad.

Porque mientras buena parte de la conversación nacional sigue concentrada en el Bajío o en el fenómeno “nearshoring” del norte profundo, en la franja del Golfo se está ensayando algo aún más poderoso: la reconstrucción de un territorio que durante años fue funcional para la economía… pero inviable para la inversión.

Por eso la reactivación de la ruta Monterrey–Tampico, y la conexión de Ciudad Victoria con el AIFA no son anuncios de conectividad aérea. Son señales. Y están dirigidas, más que al turista, a quien toma decisiones: inversionistas, operadores logísticos, actores energéticos… y sí, también al poder político en la Ciudad de México.

Tamaulipas está diciendo: ya no somos solo tránsito… queremos ser destino.

El problema es que ese tipo de declaraciones no se validan en conferencias. Se validan en mercado.

Hoy, el estado concentra activos estratégicos que, en cualquier otro contexto, lo colocarían en el centro de la conversación nacional: puertos clave en el Golfo, infraestructura energética, cruces fronterizos de alto flujo y una ubicación geopolítica privilegiada para el comercio con Estados Unidos.

Sin embargo, durante más de una década, esa ventaja competitiva convivió con un factor que la anulaba: la percepción de riesgo.

Ahí está el punto de inflexión.

De acuerdo con cifras oficiales, Tamaulipas ha registrado reducciones sostenidas en delitos de alto impacto en los últimos años. Pero en términos de inversión, la seguridad no se mide en estadísticas… se mide en decisiones.

Y las decisiones toman tiempo.

Por eso la conectividad aérea es relevante, pero no suficiente. Porque ningún fondo de inversión ni ninguna empresa global ajusta su portafolio por la apertura de una ruta. Lo hace cuando identifica condiciones estructurales: certidumbre jurídica, estabilidad operativa, capital humano y, sobre todo, gobernabilidad.

Porque si lo logró, estamos frente a una de las historias de reposicionamiento más importantes del país en los últimos años.
Pero si no, el riesgo es otro: que la narrativa corra más rápido que la realidad.

Y en economía, cuando eso ocurre, el costo es alto.

Hay otro ángulo que en la Ciudad de México no debería pasarse por alto: el energético.

El Golfo de México vuelve a adquirir relevancia en la discusión nacional e internacional. Infraestructura, puertos, logística y cercanía con Estados Unidos colocan a Tamaulipas en una posición que, bien capitalizada, podría convertirlo en pieza clave del siguiente ciclo económico del país.

Pero eso exige algo más que ubicación: exige ejecución.
Hoy, el gobierno estatal apuesta a que el momento es ahora. A que la combinación entre seguridad, infraestructura y narrativa puede atraer lo que durante años se mantuvo al margen.

La apuesta es alta. Y el margen de error, mínimo.

Porque en el tablero nacional, Tamaulipas ya no compite solo con sus vecinos. Compite con regiones enteras que llevan años construyendo condiciones para captar inversión.

Y ahí no hay espacio para improvisación.

En la intimidad…Mientras el reposicionamiento económico busca validación en el centro del país, en la costa tamaulipeca ocurre algo que explica más de lo que parece: orden.

Más de 16 mil huevos de tortuga marina protegidos en la actual temporada no son una anécdota ambiental. Son un indicador de control territorial, coordinación institucional y cambio social.

Altamira, con más de 6 mil 600 huevos, y Playa Miramar, con más de 4 mil, reflejan una tendencia que va más allá de la conservación: la capacidad de una comunidad para respetar reglas.

Y eso, para quien invierte, vale más que cualquier discurso.
Porque el desarrollo no empieza con el capital.

Empieza cuando un territorio demuestra que puede cuidarse a sí mismo.

Tamaulipas quiere ser visto distinto.

davidcastellanost@hotmail.com
@dect1608

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Alcohol al volante

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“Accidentes”, sobran, lo que falta es Estado. Al menos 60 siniestros vehiculares asociados al alcohol se registran cada mes en Tamaulipas. Más de 400 al año. No son cifras inventadas: son la quinta causa de muerte en el estado y, al mismo tiempo, una de las formas más claras de morir que pudieron evitarse. Aun así, el fenómeno se repite con una regularidad que se normaliza.

Y esa es la dimensión del problema que obligó a la diputada Úrsula Patricia Salazar Mojica a presentar una iniciativa de reforma al Código Penal, con un objetivo directo: endurecer las sanciones contra quienes conduzcan bajo los efectos del alcohol u otras sustancias y provoquen la muerte de terceros.

Tamaulipas registra un repunte cercano al 45 por ciento en accidentes relacionados con conductores ebrios, particularmente entre jóvenes. Es decir, no sólo no se ha contenido el problema: está creciendo. Y lo hace en un contexto donde la consecuencia jurídica sigue siendo débil o inexistente.

“La conducción en estado de ebriedad no es un accidente”, dijo la legisladora. Y tiene razón. No lo es. Es una decisión. Una cadena de decisiones que comienza con el consumo y termina, muchas veces, con la muerte de alguien más. El problema es que el sistema de justicia sigue tratándolo como si fuera un descuido.

Precisamente esa es la gran falla del sistema. La ley habla de justicia pronta, completa e imparcial —como lo establece el artículo 17 constitucional— pero, la realidad en Tamaulipas muestra otra cosa: conductores que huyen, investigaciones que no concluyen y sanciones que no corresponden a la gravedad del daño.

La iniciativa conocida como “Ley Ezequiel” no surge de una súper idea. Surge de un patrón. De casos donde el responsable escapa. De expedientes que se diluyen. De familias que no encuentran justicia.

El planteamiento incluye reforzar operativos de alcoholímetro y campañas de prevención. Pero esos mecanismos ya existen. El problema no es su ausencia, sino su intermitencia. Su aplicación selectiva. Su incapacidad para convertirse en una política constante y efectiva. Al ciudadano se le tiene que dar en donde le duele.

En Tamaulipas, como en buena parte del país, el alcohol al volante no sólo mata. También exhibe. Exhibe la fragilidad de las instituciones, la tolerancia social al riesgo y la falta de consecuencias reales.

El caso que motivó esta iniciativa —la muerte de Ezequiel— es repetición. Es estadística. Es síntoma.

En la intimidad… Mientras el Congreso discute cómo castigar la irresponsabilidad al volante, el gobierno de Américo Villarreal Anaya presume resultados en otra dimensión: la del turismo y la seguridad.

Más de 2.2 millones de visitantes llegaron a Tamaulipas durante Semana Santa. La cifra no es menor. Confirma que, al menos en percepción, el estado logró sostener condiciones de tranquilidad en sus principales destinos, particularmente en el sur, donde la vigilancia se concentró en playa Miramar.

El propio mandatario llamó a no soltar el ritmo. “Hay que consolidar este impulso”, dijo frente a su gabinete. Y los datos lo respaldan: diversificación turística, presencia en Pueblos Mágicos, crecimiento en destinos de naturaleza.

Pero hay un contraste inevitable. Mientras el estado logra atraer visitantes con operativos, logística y coordinación institucional, en las calles persiste una falla más básica: garantizar que quien toma un volante bajo los efectos del alcohol enfrente consecuencias reales.

Porque la seguridad no sólo se mide en turistas que llegan.
También en ciudadanos que regresan a casa.

davidcastellanost@hotmail.com
@dect1608

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La era wellness también puede ser un atentado a la salud

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Por: Zaira Rosas
zairosas.22@gmail.com

Propósitos irreales, constantes vitaminas sin un análisis previo del cuerpo, tratamientos milagrosos para regenerar el cuerpo, terapias alternativas sin sustento que prometen erradicar enfermedades terminales, así es la era wellness de la que todos queremos ser parte, es normal añorar nuestra mejor versión, pero,

¿cuánto nos informamos al respecto para no caer en estafas?

El deseo de vivir mejor nunca había sido tan visible como ahora. Redes sociales, publicidad y discursos motivacionales nos repiten a diario que el bienestar está al alcance de cualquier persona: basta con tomar cierto suplemento, someterse a una terapia novedosa o seguir el tratamiento de moda. En teoría, la era wellness promueve hábitos saludables, autocuidado y prevención. En la práctica, también ha abierto la puerta a un mercado poco regulado donde la salud puede convertirse en un negocio riesgoso.

El reciente caso de los sueros vitaminados en Hermosillo, Sonora, donde cuatro personas murieron tras recibir este tipo de tratamiento, puso en evidencia un problema que desde hace tiempo crece silenciosamente: procedimientos médicos o estéticos aplicados fuera de clínicas certificadas y, en muchos casos, por personas que no cuentan con la formación necesaria.

Aunque los sueros intravenosos se promocionan como una forma rápida de “revitalizar” el organismo, lo cierto es que introducir sustancias directamente al torrente sanguíneo implica riesgos importantes si no existe un diagnóstico previo ni supervisión médica durante el mismo tratamiento.

Lo preocupante es que este tipo de prácticas no son aisladas. En distintas ciudades proliferan spas, consultorios improvisados o centros de bienestar que ofrecen desde vitaminas intravenosas hasta terapias “detox”, hormonas antienvejecimiento o tratamientos que prometen regenerar el cuerpo en pocas sesiones. Muchos de ellos se promocionan con testimonios emotivos y una estética atractiva que transmite confianza, pero pocas veces presentan evidencia científica o certificaciones verificables.

Parte del problema es cultural. En una sociedad que premia la productividad, la juventud y la apariencia física, la promesa de soluciones rápidas resulta irresistible. Además, existe una creciente desconfianza hacia la medicina tradicional que algunos discursos aprovechan para posicionar terapias alternativas como si fueran sustitutos absolutos de la atención médica. El resultado es una mezcla peligrosa: desinformación, marketing emocional y falta de regulación.

También influye la velocidad con la que circula la información. En redes sociales, una recomendación puede volverse viral en cuestión de horas. Influencers, celebridades o creadores de contenido comparten rutinas, suplementos o procedimientos sin necesariamente comprender sus implicaciones médicas. Lo que para algunos puede parecer un simple consejo de bienestar, para otros puede convertirse en una decisión de salud tomada sin la orientación adecuada.

Esto no significa que el interés por el bienestar sea negativo. Cuidar la alimentación, hacer ejercicio, atender la salud mental o buscar terapias complementarias con respaldo profesional son prácticas valiosas. El problema surge cuando el bienestar se transforma en un producto que promete resultados milagrosos sin evidencia ni responsabilidad.

Frente a este panorama, la mejor herramienta sigue siendo la información. Antes de someterse a cualquier tratamiento, es fundamental verificar que quien lo ofrece tenga formación médica o certificaciones oficiales, investigar los posibles riesgos y evitar procedimientos que prometan resultados inmediatos o extraordinarios. La salud no debería depender de modas ni de recomendaciones virales.

Buscar sentirse mejor es legítimo y necesario. Pero el bienestar real no se construye a partir de atajos ni de promesas mágicas. Implica decisiones informadas, profesionales capacitados y un enfoque responsable del cuidado personal. En tiempos donde el wellness se vende como estilo de vida, quizá el acto más saludable sea aprender a cuestionar, investigar y elegir con criterio antes de poner el cuerpo —y la salud— en manos equivocadas.

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El despliegue en busca de credibilidad

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En Tamaulipas, la seguridad se anuncia puede anunciar de mil maneras, pero, siempre, invariablemente esta a prueba.

El arranque del operativo de Semana Santa 2026, encabezado por el gobernador Américo Villarreal Anaya, llega en un momento en el que la confianza pública no admite simulaciones. El mensaje oficial es claro: hay coordinación, hay fuerza operativa y hay condiciones para recibir turismo.

Los números respaldan esa narrativa. Más de dos mil elementos de la Guardia Estatal, despliegue carretero, vigilancia aérea, presencia de la Secretaría de Marina, la Secretaría de la Defensa Nacional y la Guardia Nacional. A eso se suman los cuerpos de auxilio, el sistema de salud y la operación turística con cobertura en miles de kilómetros.

El Estado, en apariencia, está en todas partes.
Pero en Tamaulipas, la presencia no siempre ha significado control.

El gobierno estatal ha insistido en que las playas se encuentran en condiciones óptimas, minimizando la presencia de hidrocarburos en el litoral. El dato no es menor. En plena temporada alta, cualquier señal de contaminación compromete no sólo la afluencia turística, sino la credibilidad institucional.

Y ahí es donde la narrativa oficial enfrenta su mayor desafío: sostenerse frente a la realidad.
Porque la seguridad no se mide en conferencias ni en cifras acumuladas. Se mide en la experiencia concreta del ciudadano: en la carretera sin sobresaltos, en la playa sin riesgos, en la capacidad de respuesta cuando algo falla.
El despliegue anunciado es, sin duda, uno de los más amplios de los últimos años. Pero también es, inevitablemente, una apuesta política. Si funciona, fortalecerá la percepción de gobernabilidad. Si falla, confirmará lo que muchos aún sospechan: que en Tamaulipas la estrategia sigue siendo reactiva, no estructural.
Hoy, el gobierno juega a ganar confianza. Y la confianza —esa sí— no se decreta.
Se construye o se pierde.

En la intimidad… Hay una forma de autoritarismo que se manifiesta con el simple hecho de cerrar una ventanilla.

En México, el derecho de petición está secuestrado. Aunque lo ampara la ley. El artículo 8 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos obliga a toda autoridad a recibir y responder cualquier solicitud por escrito. No es opcional. No es negociable, pero…

Sin embargo, en oficinas públicas de todos los niveles de gobierno, ese derecho se ha convertido en un trámite condicionado. El ciudadano llega con un documento y se encuentra con un filtro ilegal: funcionarios que revisan, cuestionan y, si el contenido incomoda, simplemente niegan la recepción.

Así opera la discrecionalidad.
Se argumentan errores de forma inexistentes. Se exigen requisitos que la ley no contempla. Se condiciona el acceso a derechos fundamentales bajo criterios administrativos inventados.
No es ignorancia. Es control.
Porque impedir que un documento sea recibido es impedir que exista. Y lo que no existe en el sistema, no obliga, no incomoda, no genera consecuencias.

Ese es el verdadero fondo del problema.
Cuando una autoridad decide qué peticiones acepta y cuáles bloquea, deja de ser un ente público y se convierte en un filtro político. Y cuando eso ocurre de manera sistemática, lo que está en juego no es un trámite, es el Estado de derecho.

davidcastellanost@hotmail.com
@dect1608

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