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Opinión

Si ya saben para qué le juegan al tío Lolo

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Me dio mucha risa cuando Yuriria Iturbe Vásquez, acompañó en su gira por el sur de Tamaulipas a Mario Rafael Llergo Latourneriem, ambos, fueron un rotundo fracaso en la gestión de aquel encuentro con los medios de comunicación, y eso, que los periodistas de Tampico son los más ecuánimes, respetuosos y tolerantes a la ineptitud  de los políticos; como sea, Yuriria y Llergo, fueron el ridículo de un proceso electoral que ya era una efervescencia por el arrebato de las candidaturas. Sí, fue el día en que destaparon al “vice” Erasmo González Robledo, por febrero de este año.

Me acordé de lo anterior porque ayer platicaba con un colega, de esos que están cerquita del grupo político en el poder, y comentó que la diputada electa Yuriria Iturbe Vásquez, aspira a ser la presidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso de Tamaulipas ¡pufff! -y casi le escupo el café en la cara-

Pero que necedad, por cierto, si Armando Javier Zertuche Zuani, no hubiera sido agarrado con los dedos en el cajón y mientras él perdida el Congreso de Tamaulipas siendo diputado morenista y su yerno Enrique Gerardo Zurita del Ángel, ganaba millonarios contratos con el cabecismo, quizás, quizás, quizás, quizás, quizás, quizás, quizás… hoy pudiera ser prospecto a la investidura que ostenta doña Yuri.

¿pá que tanto brinco estando el piso tan parejo?

Si así despacito, despacito, y sin levantar tanto polvo, Úrsula Patricia Salazar Mojica  nuevamente fue noticia en Tamaulipas en los últimos días. Y es que mientras la mayoría de los políticos en el estado aún se encuentran bajo éxtasis de las mieles del triunfo, peleándose los puestos, cabildeando posiciones o andando de “queda bien” para no tener que hacer berrinches, la Presidenta del Congreso (que nunca dejó su cargo durante la campaña), de inmediato orientó nuevamente todos sus esfuerzos para continuar realizando un trabajo ordenado y destacable en la 65 Legislatura.

Úrsula, quien llegó en 2021 como Diputada Plurinominal al Congreso de Tamaulipas, le ha tocado vivir de todo. Pocos morenistas en el estado pueden decir que les corre sangre de izquierda desde un inicio. Desde antes de que todos se volvieran morenistas para  continuar con sus carreras políticas, Úrsula junto a su señora madre Úrsula Mojica Obrador, ya andaba por el 2006 levantando firmas en el estado defendiendo la causa Obradorista, tratando de evitar el desafuero de Andrés Manuel.

De hecho, nadie, excepto Úrsula, puede decir que fue la primera morenista registrada en Tamaulipas, pues a su casa es a donde llegaron los registros partidistas, por lo que la número uno, debido a su trabajo proselitista en la fundación del partido, fue siempre de ella.

Luego, cuando recién comenzaba la fiebre guinda en Tamaulipas con la llegada de Andrés Manuel al poder, Úrsula tuvo que afrontar a la vida, y mirar de frente a la muerte, con la impotencia de saber que, nada se podía hacer, mientras se llevaba lentamente a sus padres y hermano.

Todavía nos acordamos de aquel homenaje que se le realizó a Doña Úrsula, en donde invadida por el llanto, “La quinta Úrsula” como ella menciona al hablar de su historia familiar, levantó la frente y asumió la responsabilidad de tomar la herencia política de su madre, siendo ese el momento en donde nació su figura como política.

Ya en el Congreso, la Tampiqueña de la colonia Otomí asumió, por voluntad propia, un papel que nadie, absolutamente nadie quería tomar: Ser el contrapeso político y mediático de Francisco García Cabeza de Vaca. ¡Se puso al tú por tú con el gobernador en aquel entonces!, y eso le pasó factura.

Perseguida, calumniada y amenazada, Úrsula nunca bajó los brazos. Enfrentó la situación con gallardía y tomó al exgobernador de frente, para ese entonces el cabecismo ya le venía agarrando el gusto a toparse con morenistas como Úrsula Patricia.

Al final el tiempo le dio la razón, y su lucha fue premiada con la confianza y el apoyo de lo que quedaba de una bancada morenista disminuida por la compra de conciencias. Esto, sumado al respaldo de su trabajo y lucha por parte del Gobernador Américo Villarreal, le llevó a ocupar la Presidencia de la JUCOPO en el Congreso.

Los problemas para Úrsula no terminaron ahí. El Panismo continuó insistiendo en arrebatarle el control del Congreso. Movieron cielo, mar y tierra para apoderarse del Congreso y desde ahí, hacerle la vida de cuadritos a Américo Villarreal. Pero vaya sorpresa que se llevaron quienes consideraban a Úrsula una política inexperta, porque por más que intentaron, no pudieron. Incluso, ante la complicidad de algunos jueces quienes en su momento dictaron que se debería devolver el control político al Panismo, la pericia de Úrsula Salazar y su equipo lograron en una jugada magistral, con la creación de la Junta de Gobierno, mantener y revertir la decisión legal, otorgándole nuevamente la razón a la abanderada morenista.

Es así como Úrsula transitó en una legislatura donde, con todo en contra, logró mantener la gobernabilidad y el respaldo del poder legislativo a Américo Villarreal, quien, dicho sea de paso, ha hecho un gran trabajo como administrador de un estado que recogió en pedazos.

Esta semana, el Congreso de Tamaulipas fue reconocido a nivel nacional por el INEGI, ocupando los primeros 5 lugares a nivel nacional en productividad, siendo además, el tercer Poder Legislativo en México con menor presupuesto. Esto es, hacer más con menos, y por supuesto, todo esto bajo el liderazgo de la capitana de la 65 Legislatura: Úrsula Salazar.

Y todavía hay algunos que piensan, ¿Quién debería ocupar la presidencia del congreso en Tamaulipas? Pa´que le buscan

En la intimidad… ¿Alguien ha visto a los integrantes de la mesa directiva de la AISTAC? ¿De casualidad se habrán quedado sin datos e internet? ¿Será que el presidente Adonay Navarro Saad o don Luis Appertti, salieron de vacaciones y se desentendieron del desorden provocado por  las empresas afiliadas a la Asociación de Industriales del Sur de Tamaulipas? -es pregunta que no causa honorarios- Tal vez David Abel Hernández Gámiz, tenga conocimiento o tal vez no tenga ni eso, pues ya qué.

davidcastellanost@hotmail.com
@dect1608

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Opinión

Claudia: Reconoce el trabajo y liderazgo del Síndico Petrolero

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Por Mario Prieto.

El Resbalón.

Claudia Sheinbaum se convirtió, en la pasada campaña, en la candidata del sindicato petrolero. Ellos fueron de los primeros que no solo la destaparon, sino que le levantaron la mano, la apoyaron y no descansaron hasta verla convertida en la primera mujer presidenta de México.

Por eso existe una muy buena relación entre la actual presidenta de este país y el líder nacional del sindicato petrolero, Ricardo Aldana. Existe una relación de trabajo y respeto mutuo.

Durante el festejo del Día del Trabajo del 2024, se pronunciaron a favor de la actual presidenta de este país, y eso es algo que no se le olvida a doña Claudia y que nunca se le va a olvidar.

Ricardo Aldana y cada uno de sus secretarios generales en el país se la jugaron desde un principio con Claudia, y esa excelente relación continúa hasta este momento, porque desde Palacio Nacional han visto todo el empeño y dedicación, pero principalmente la importancia que tienen los trabajadores petroleros para que sigan marchando, a veces contra viento y marea, cada una de las refinerías de nuestro país.

El año pasado, durante el festejo del 18 de marzo, Sheinbaum Pardo recordó que las empresas extranjeras le dijeron al presidente Lázaro Cárdenas que nunca iba a salir adelante la industria petrolera en México sin su apoyo.

Desde Minatitlán, Veracruz, durante un encuentro en el estadio de béisbol “18 de marzo de 1938”, sede del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM), Sheinbaum Pardo recordó que las empresas extranjeras dijeron al presidente Lázaro Cárdenas “que nunca iba a poder salir adelante la industria petrolera en México sin su apoyo”.

Pero no contaban —abundó— con la garra, con el coraje de las mexicanas y los mexicanos, y de los trabajadores petroleros de México, que sacaron adelante la industria más importante durante tantos años de nuestro país”, palabras que arrancaron los aplausos de los presentes, a quienes dijo: “Hoy vengo a decirles a las y los trabajadores petroleros que vamos a sacar adelante a Pemex, como ya lo inició el presidente López Obrador”.

Y es precisamente todo esto lo que mantiene unos lazos entre la primera presidenta de México y el líder nacional del sindicato petrolero, Ricardo Aldana Prieto.

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Opinión

El secretario del ayuntamiento de Altamira es pasivo

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Le adelanto, no hay palabras ni retórica que describa a los colaboradores de Armando Martínez Manríquez como se lo merecen, y es que hay momentos en los que el lenguaje se queda corto, y un individuo se convierte en estiércol humano en dos palabras.

La muerte de Michel y Karina, de cinco y tres años tras el incendio en el fraccionamiento “Canarios”, no es una nota roja. Es una fractura moral. Y la respuesta del gobierno municipal no fue torpe ni desafortunada. Fue cobarde e inhumana.

Cobarde porque, ante el horror absoluto —dos niñas murieron y pudieron haber quedado calcinadas- el Gobierno municipal de Altamira, en voz de su secretario general José Francisco Pérez Ramírez, eligió buscar culpables hacia abajo.

Cobarde porque, incapaz de sostener la mirada del dolor, prefirió culpar a una familia rota, diciendo que las niñas estaban solas en su casa.

El gobierno fue cobarde porque, en vez de reconocer su propia incapacidad operativa desde la Dirección de Protección Civil, decidió manchar el trabajo de quienes sí entraron al fuego.

Eso no es gobernar. Eso es quererse lavar las manos con cenizas, y claro, quedaron más empuercados moralmente. Sí, el secretario, y todos los que se arrugaron en asumir responsabilidades.

Las declaraciones del secretario del Ayuntamiento, Francisco Pérez Ramírez, no son un desliz verbal. Son una posición de indiferencia. Hablan desde la comodidad del cargo, desde la protección del escritorio, desde la distancia obscena que separa a quien administra un puesto de quien carga un cuerpo sin vida, ¡sin vida hdttp..!

Cuestionar que las niñas estuvieran solas. Cuestionar a los bomberos voluntarios. Cuestionar incluso la forma en que se recuperaron los cuerpos.

¿De verdad ese era el momento?
¿De verdad esa era la prioridad?

Cuando un funcionario hace eso, no demuestra firmeza. Demuestra miedo. Miedo a aceptar que el Estado falló. Miedo a decir “no llegamos”. Miedo a reconocer que Protección Civil fue rebasada y que, otra vez, fueron los ciudadanos quienes hicieron el trabajo que la autoridad no pudo.

Los bomberos voluntarios y Salvatore Vargas no necesitan defensa institucional. Sus actos hablan por ellos. Entraron cuando había fuego. Salieron con lo único que quedaba: dos cuerpos diminutos que merecían respeto. Entregarlos directamente a los técnicos en urgencias médicas no fue un error: fue el último acto de humanidad posible.

Atacar eso no es ignorancia técnica.

Es bajeza moral.

Y mientras la ciudad ardía —en dolor y en rabia— el alcalde Armando Martínez Manríquez guardó silencio. No un silencio prudente. Un silencio desconectado, ajeno, ofensivo. Un silencio que terminó de confirmar que esta administración no supo, no quiso o no pudo estar a la altura del momento más trágico que enfrentó su municipio.

Gobernar no es aparecer cuando conviene.

Gobernar no es deslindarse cuando duele.

Gobernar no es señalar a los más débiles para proteger a los más cómodos.

Lo ocurrido en Canarios fue una prueba. Y el gobierno municipal de Altamira la perdió por completo. No por falta de discursos, sino por falta de carácter. Porque cuando el poder enfrenta la muerte de dos niñas y responde con reproche, lo que queda claro es que no entiende para qué existe.

Hoy, Altamira tiene un problema de conciencia.

Por cierto, eso no se corrige con mañaneras todas las semanas, ni con comunicados, declaraciones tardías, ni con silencios calculados. Se corrige con algo que aquí brilló por su ausencia: decencia.

En la intimidad… Mientras en Altamira el poder municipal se encogía ante la tragedia, en otra esfera del tablero político tamaulipeco se movían piezas de mayor calado.

El gobernador Américo Villarreal Anaya confirmó lo que ya había anticipado la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, durante la conferencia matutina de este lunes: el próximo sábado estará en Tamaulipas, en lo que será su primera visita oficial al estado en 2026.

“No es un trascendido, lo confirmó ella hoy en la mañana: va a estar el próximo sábado en la capital, aquí en Ciudad Victoria”, dijo el mandatario estatal, tras encabezar la ceremonia de honores y la inauguración del Museo Legislativo.

“Seguramente nos vendrá a anunciar algunas de las cosas que hemos estado platicando con ella, de las grandes oportunidades de desarrollo e infraestructura para México, y que esto también traiga beneficios para Tamaulipas”, adelantó.

En corto, en Palacio se habla de consolidación. De proyectos. De continuidad. Villarreal Anaya presume avances en salud, educación, mejoras salariales, prestaciones, desarrollo económico, infraestructura y seguridad pública, respaldados —dice— por indicadores nacionales.

La lectura política es clara: mientras algunos gobiernos municipales se pierden en declaraciones torpes y reacciones pequeñas, el poder real se mueve en otro nivel, donde la agenda no es el deslinde, sino la ejecución.

La presidenta viene. Y con ella, la posibilidad de que Tamaulipas avance.

La pregunta incómoda es otra: ¿quiénes estarán a la altura cuando el escrutinio sea nacional y no solo local? Porque gobernar, cuando la tragedia ya pasó, es fácil.

Lo difícil —y lo verdaderamente revelador— es gobernar cuando el dolor todavía arde, y gobernar es también evitar.

davidcastellanost@hotmail.com
@dect1608

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Opinión

La impunidad, es el lenguaje oficial del Estado

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Por: Zaira Rosas
zairosas.22@gmail.com

México enfrenta una crisis de desapariciones, así lo refleja el Registro Nacional de
Personas Desaparecidas y no Localizadas, donde a la fecha hay más de 132 mil
casos en el país, de los cuales 14,000 corresponden al tiempo de gestión de
Claudia Sheinbaum. ¿Quién busca a todas las personas? idealmente se ha
solicitado el apoyo de autoridades, sin embargo, en los procesos lo único que se
encuentra es un muro de impunidad e irregularidades que derivan en amenazas y
violencia hacia las familias buscadoras.
Guanajuato, Veracruz y Jalisco, son los estados más letales para buscadores,
podríamos llenar páginas enteras con los datos de las personas desaparecidas,
donde la lista se incrementa, incluso sumando nombres de los mismos familiares
que año con año claman por respuestas. Mientras tanto no veamos los datos
como simples estadísticas, pensemos en personas, en las historias de vida con
sueños e ilusiones que han quedado inconclusas por irregularidades en los
procesos o incluso la complicidad de algunos niveles de gobierno con el mismo
crimen organizado.
La falta de recursos de las fiscalías, las carpetas de investigación mal integradas o
la criminalización de las víctimas, también es una forma de desaparecer. Las
personas no solo desaparecen físicamente de sus hogares, lo hacen también ante
un gobierno que no resuelve y que, si bien se ha enfocado en difundir otras
estadísticas y tratar de poner el foco en sus acciones y no en las omisiones, la
realidad es que en las últimas décadas la desaparición es una constante en
múltiples entidades del país y no hay rasgos que indiquen que alguien pueda
librarse de ello, pues ocurre en todos los niveles.
No obstante, si hay una constante en las narrativas, la participación del ejército o
la guardia nacional únicamente incrementa las irregularidades, pues en múltiples
escenarios se olvidan que existir también es un derecho y actúan sin procesos o
garantías sobre la vida de las personas. Casos documentados por organismos
nacionales e internacionales señalan que cuando las fuerzas armadas intervienen
sin controles civiles efectivos, la rendición de cuentas se diluye. La seguridad se
impone como discurso, pero la verdad y la justicia quedan relegadas. En ese
contexto, la desaparición deja de ser un crimen excepcional para convertirse en
una práctica tolerada por la omisión y protegida por el silencio institucional.
Y al final como sociedad también somos cómplices de este proceso, cada que
permitimos que las personas se vuelvan cifras o noticias pasajeras, nos sumamos
a la falta de empatía y profundizamos en la omisión, al revictimizar estamos
deshumanizando a quienes durante décadas esperan respuestas y acciones

contundentes. Actualmente pareciera que hay vidas prescindibles, escuchamos
las historias buscando fallas en el actuar o ser de las personas desaparecidas
como si su búsqueda no fuera en sí misma un derecho y tuviera que estar sujeta a
la moral.
En medio de panoramas de incertidumbre las personas y colectivos de búsqueda
son la resistencia, la red que toda persona debería tener en la sociedad y aún así
2025 fue el año más peligroso para esta labor, pues en algunos puntos iniciar la
búsqueda de una persona desaparecida es también firmar una sentencia de
muerte, pues las búsquedas han derivado en hallazgos de múltiples fosas
clandestinas y terrenos dominados por el crimen organizado, donde al acercarse a
presuntos responsables también se encienden alarmas que incomodan a las
personas involucradas.
Además de la amenaza y el peligro constante al que se enfrentan las personas
buscadoras, también está la falta de apoyo y las distintas crisis que se pueden
enfrentar en el proceso, nadie habla de lo que ocurre mientras una persona está
desaparecida, de lo que la ausencia representa, pues además de la falta de sus
seres queridos, también falta el apoyo de la sociedad y el Estado. Para poder
buscar muchas familias tienen que renunciar a sus trabajos, viven procesos de
ansiedad cada que se acercan a un descubrimiento y de repente dan con cuerpos
que no corresponden a sus familiares, pero sí a los de otras personas.
Mientras México no reconozca que detrás de cada cifra hay miles de personas
pidiendo ser encontradas, familias que esperan la verdad, claman por respuestas
y la sociedad no participe replicando cada ficha de búsqueda, este será uno de los
peligros más latentes, desaparecer aún en medio de entornos videovigilados, a la
luz del día, enfrente de las personas sin que nadie diga nada. Ese es el resultado
de décadas de impunidad y omisión. Donde la ausencia pesa pero fingimos que

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Opinión

Un libro, una mochila… un sueño desde Tampico

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Hay días en los que el futbol deja de ser un juego. Días en los que la cancha no mide 105 por 68 metros, sino lo que alcanza a latir un corazón infantil cuando descubre que el mundo también puede abrirse para él. Eso fue lo que ocurrió cuando 108 niñas, niños y jóvenes de Tampico pisaron el estadio BBVA de Monterrey. Y no, no fue un paseo. Fue un acto de justicia emocional.

Yo vi algo que no se transmite por televisión, y casi nunca lo vemos reflejado en los medios de comunicación; vi mochilas llenas de cuadernos convertidas en equipaje de sueños; vi manos pequeñas aferradas a las de padres que jamás imaginaron llevar a sus hijos a un estadio mundialista; vi miradas que, al elevarse hacia las gradas del Gigante de Acero, entendieron que el esfuerzo sí tiene forma, peso y destino ¡sí, se puede!

Esta acción —impulsada por la presidenta municipal Mónica Villarreal Anaya, junto con empresarios y promotores del Juego de Leyendas avalado por la FIFA— no fue propaganda. Fue humanismo en estado puro. Tampico premió al mérito académico, eso,  no es regalar boletos; es decirle a un niño “tu constancia importa”, es romper la narrativa cruel de que nacer en la carencia te condena a mirar siempre desde afuera.

El pequeño Iván lo entendió sin discursos. Iván, un niño de nivel básico, llegó al estadio tomado de la mano de su papá. Nunca habían conocido un estadio en su vida. Ni uno. Cuando entraron al BBVA, el padre guardó silencio; el niño abrió los ojos como quien entra por primera vez a un lugar que antes solo existía en la televisión. Ahí, entre concreto y acero, ocurrió algo íntimo y poderoso: un hijo supo que su padre había caminado con él hasta donde pudo… y un padre entendió que, por una vez, el mundo había sido generoso con su hijo.

Pero si hubo una historia que me desarmó fue la de Juanita.

Juanita llegó con su abuela. Su mamá ya no estaba. Había fallecido, dejando como herencia un amor profundo por el futbol y una lucha incansable contra la pobreza. Juanita ya había ido al estadio Tamaulipas, sí, pero esto era distinto. Monterrey no era solo otra ciudad; ese estadio no era solo otra cancha. Para ella, sentarse en una butaca del estadio de Rayados —aunque no fuera el equipo de su madre— fue como llegar a un lugar donde alguien la esperaba.m, alguien con mucho amor para ella.

Ahí, en medio del ruido, de la música fea que pusieron durante todooo el partido, en medio del juego, de las leyendas del futbol, Juanita  no aplaudía solo goles. Aplaudía la memoria. El amor. El cariño.  Aplaudía el esfuerzo de una madre que, hasta el último día, creyó que su hija podía tener algo mejor. Ese asiento fue, simbólicamente, un abrazo pendiente, un momento para toda su vida.

De eso se trata el Tampico Va con todos. No de cifras frías, aunque las haya: 108 estudiantes, 88 de primaria, 14 de secundaria, 6 de nivel medio superior, 22 conscriptos. Se trata de entender que detrás de cada número hay una historia que merece ser tocada por la esperanza.

Mónica Villarreal lo dijo claro. Se premió el esfuerzo por aprender. Pero lo que realmente ocurrió fue que, por unas horas, estos niños dejaron de ser espectadores de un país que suele ignorarlos y se convirtieron en protagonistas de su propia posibilidad.

El Juego de Leyendas enseñó disciplina y trabajo en equipo, sí. Pero la verdadera lección estuvo en las gradas cuando una autoridad decide mirar a la niñez no como estadística sino como destino, los sueños también entran a la cancha, y usted no los ve, pero, van en la mochila.

Ese sábado, en el Gigante de Acero, no solo se jugó futbol.
Ese día, Tampico le ganó al olvido.

En la intimidad… Del alcalde de la ciudad de Altamira, Armando Martínez Manríquez, y su equipo de Protección Civil, mañana hablamos.

Qué en paz  descansen esas niñas.

davidcastellanost@hotmail.com
@dect1608

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